• De acuerdo con el IFPI, la industria de la música generó 19 mil 100 millones de dólares en el transcurso de 2018

  • Tan solo el segmento del streaming incrementó sus ganancias en 32 por ciento anual durante ese periodo

  • Casi la mitad del rendimiento de este mercado a escala global se le debe a los canales digitales

En términos generales, la música es una de las categorías artísticas más populares en todo el mundo. Lo anterior es más cierto en México, considerado como uno de los países que más piezas de este tipo consume en todo el mundo, en especial a través de plataformas digitales. No debería ser una sorpresa, dado que existen géneros desde clásicos hasta obras mucho más modernas y refrescantes. En verdad este contenido tiene algo para cualquier persona.

Pero la música no solo es una forma de entretenimiento. De acuerdo con Northcentral University, ciertas canciones ayudan a activar ambas partes del cerebro, lo que a su vez permite maximizar el aprendizaje y la memoria. Según Bustle, ciertos géneros, como la clásica, pueden ayudar a reducir los niveles de ansiedad. Entrepreneur apunta que también puede incrementar la productividad en los espacios de trabajo, pero solo bajo ciertas condiciones:

Diferentes géneros de música para diferentes tareas

Como ya se dijo, no todas las canciones, estilos y ritmos son iguales para todas las tareas. En algunos casos, la música con un tempo energético y agradable ayuda a mejorar el buen humor y la motivación. Estos mismos ritmos pueden fomentar un estado de euforia y alerta. En este sentido, pueden ser muy benéficos cuando la moral está baja o si es necesario que la gente preste atención. Pero en otras veces, puede ser preferible cambiar el paso según la situación.

Por ejemplo, la concentración es más alta en música que haga que el cuerpo se ponga a bailar, siempre y cuando no sea muy movida. En este sentido, los tonos monótonos y regulares, así como aquellos demasiado acelerados o exóticos, no permiten al cerebro alcanzar su máximo potencial. El pop y el funk son las categorías ideales. Para concentración, son mejores los ritmos más monótonos o menos distractores, como la clásica o el jazz suave.


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Las preferencias y gustos afectan los resultados

Si se quiere establecer un programa de música para incrementar la productividad de toda la oficina, es importante tener en cuenta que no todos responden igual. Para algunas personas, puede ser imposible trabajar con otra cosa que no sea silencio. Otros individuos están más acostumbrados a ritmos frenéticos, por lo que las canciones menos escandalosas y movidas pueden ser hasta una distracción. Así pues, es casi imposible encontrar un programa general.

Así pues, si se quiere emplear al máximo la música para incrementar la productividad en el trabajo, entonces hay que personalizar las sesiones. Es posible hacer prueba y error con cada individuo, así como establecer horarios de géneros para priorizar diferentes estados de poder mental. Por supuesto, es crucial que cada individuo no moleste con sus preferencias al resto. Pero hay que destacar que hasta las canciones que no gustan son mejores que el silencio.

Hay que tener algunas reglas al poner música

De cualquier forma, para maximizar el impacto de las canciones en el trabajo, es importante que la gente respete los límites y gustos de sus compañeros. Para empezar, es imprescindible que ninguna persona utilice bocinas o algún sistema de sonido que pudiera interrumpir la sesión de otros. De esta forma, cada quien puede estar en su propio ambiente sin ningún problema. Pero hay otros elementos y factores que también se deben de tener en cuenta.

Por ejemplo, hay algunas personas que no les gusta escuchar música en lo absoluto. En este sentido, se debe vigilar que estos individuos tampoco se vean molestados por los hábitos del resto de sus compañeros. También es crucial que los hábitos de escucha de la oficina no lleguen a interrumpir el trabajo, y en especial la comunicación, en el equipo. Así pues, hay que establecer estrictos protocolos para que no haya roces ni problemas en el flujo de producción.

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