Este día se festeja el Día internacional del jazz y a propósito de este sofisticado género musical hay mucho que se puede decir, comenzando con el origen y siguiendo con la importancia y diferentes ejemplo de su grandeza sonora.

El jazz es el resultado de un enriquecimiento de la música que se desarrolló en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX, el cual logró permear en la forma de hacer música de prácticamente todas las regiones del mundo durante los años y décadas posteriores.

Gran parte de la grandeza del jazz proviene de quienes lo desarrollaron y ejecutaron: una importante y talentosa población afrodescendiente que desarrolló nuevas técnicas musicales a través del dominio de instrumentos musicales de herencia y tradición europea en un territorio en el que ni unos ni otros eran nativos.

Las armonías y los ritmos en el jazz se enriquecieron gracias a los diversos orígenes musicales que les antecedieron y lograron desarrollar partir de influencias como el blues, marchas, música clásica, africana y la propia música estadounidense.

Con el paso de los años y con el desarrollo de la música popular y su coincidencia con el desarrollo urbano y los adelantos tecnológicos, no faltó mucho tiempo para que el jazz se integrara en la vida cotidiana de EEUU y se integrara, años después, a las las más importantes expresiones de la música popular.

Muchos de los temas y canciones que desarrolló el jazz lograron convertirse, con el paso del tiempo, en estándares que fueron retomados por múltiples músicos en las generaciones subsecuentes, con muchas versiones diferentes, estas canciones se convirtieron en clásicos.

A continuación se mencionan algunos clásicos estándares de jazz que hoy se han convertido en temas obligados para los ejecutantes de música.

Summertime, surgido en la ópera Porgy y Bess, de 1935.

A Night In Tunisia, escrita por Dizzy Gillespie en 1942.

But Not for Me, compuesta por George Gershwin, con letras de Ira Gershwin.

En el viejo Estambul