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La vitamina D o “vitamina del Sol” y 6 puntos benéficos

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La vitamina D o “vitamina del Sol” ha cobrado una gran popularidad durante los últimos años en España, más si cabe a raíz de la pandemia por Covid-19: el confinamiento impedía la necesaria exposición solar, origen de entre el 80-90% de la vitamina D que genera el organismo humano, siendo el otro 10% a través de la dieta.

Así mismo, algunos estudios han relacionado el déficit de vitamina D con un mal pronóstico tras contraer Covid-19, e incluso un aumento del riesgo de infección del coronavirus que la provoca, aunque es algo que se continúa investigando aún hoy en día.

El proceso para obtener vitamina D es complejo y precisa de multitud de factores, siendo la exposición solar y la dieta los más importantes y conocidos, además de los suplementos dietéticos. Pero hoy, gracias a la Universidad de Harvard, repasaremos otras seis cosas a tener en cuenta respecto a la vitamina D.

El lugar donde vivimos

El país donde se habita es un dato importante cuando se busca obtener vitamina D: cuanto más lejos del Ecuador terrestre está un país, menos luz UVB, productora de vitamina D, llega a la superficie de la Tierra, y por tanto menor exposición solar tendrán los habitantes de estos países.

Así pues, los países nórdicos tienen una nula exposición solar durante gran parte del año, motivo por el cual sufren cierta tendencia al déficit de vitamina D. Incluso en España, durante los meses de invierno, donde el día es más corto y se lleva más ropa, el déficit de vitamina D tiende a aumentar en la población.

Pero a todo esto hay que añadir algunos datos más: en España existe un enorme déficit de vitamina D a pesar de ser un país expuesto al Sol gran parte del año. El estilo de vida en el interior de las viviendas y los trabajos de oficina pueden ser los causantes, pero no los únicos puntos a tener en cuenta, como ya explicamos en ‘EL ESPAÑOL’.

La calidad del aire

Otro punto a tener en cuenta, como bien recuerdan los expertos de Harvard, es la calidad del aire. Y es que las partículas de carbono flotantes en el ambiente, procedentes de la quema de combustibles fósiles, madera y otros materiales, se dispersan y absorben los rayos UVB, bloqueando su acción sobre la piel humana y por tanto la producción de vitamina D.

Por contra, la capa de ozono absorbe la radiación UVB, por lo que los agujeros causados por dicha contaminación podrían incluso mejorar los niveles de vitamina D, aunque dichos agujeros son un claro problema medioambiental.

Así pues, a mayor industrialización de un país y mayor base en combustibles fósiles, peor para la salud: la contaminación ambiental no solo aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y pulmonar, sino que también reduce la exposición solar y la producción de vitamina D.

El uso de crema solar

Si bien el uso de protector solar es necesario para evitar las quemaduras solares causadas por la misma radiación UVB, usarlo en exceso puede ser un problema: en teoría, el protector solar también evitaría la exposición a la luz, lo que reduciría los niveles de vitamina D.

Sin embargo, como recuerdan los expertos de Harvard, en la práctica muy pocas personas se ponen suficiente protector solar como para bloquear la exposición a luz UVB, o bien lo usan de forma muy irregular, por lo que los efectos del protector solar carecerían de importancia en cuando a producción de vitamina D se refiere.

El color de piel

La melanina es la sustancia de la piel que provoca su color oscuro: a más melanina, menor producción de vitamina D, dado que esta sustancia “compite” con la sustancia causante de la producción de esta vitamina en cuanto a absorción de luz UVB se refiere.

Así pues, aquellas personas con tonalidades de piel más oscuras suelen requerir una mayor exposición a rayos UVB que las personas de piel más clara: mejor protección a las quemaduras solares, sí, pero menor producción de vitamina D también.

El peso corporal

El peso corporal también participa en la producción de vitamina D: la grasa corporal absorbe vitamina D, por lo que se ha sugerido que dicha grasa podría funcionar como “almacén” para esta vitamina cuando no se obtiene convenientemente a partir de la exposición solar o la dieta.

Sin embargo, algunos trabajos han demostrado que la obesidad se correlaciona con menores niveles de vitamina D, y que el mero sobrepeso puede afectar a su biodisponibilidad, por lo que no está claro que poseer más grasa sea realmente beneficioso en este aspecto.

La edad

Finalmente, la edad también sería un factor a tener en cuenta, dado que las personas más jóvenes suelen tener unos mejores niveles de vitamina D que las personas más mayores.

Esto se debería, según los estudios, a que las personas de mayor edad tienen menores niveles de la sustancia de la piel que se convertiría en un precursor de vitamina D tras la exposición solar. Así mismo, hay evidencias de que las personas mayores son menos eficientes a la hora de producir vitamina D que los más jóvenes.

Por tanto, como se puede observar, no todo es exposición solar y dieta. Existen muchos otros factores a tener en cuenta dentro del estilo de vida general.

 

 

 

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