Durante muchos años se han utilizado los diamantes como joyas preciosas de gran valor y rareza. Y hasta cierto punto así es, pues la composición de un diamante es incluso más fuerte que el acero. 

Esto se debe a su composición de átomos de carbono que se agrupan mediante enlaces dobles que refuerzan sus moléculas. De acuerdo con datos de la revista Muy Interesante, un diamante cuenta con 10 grados de pureza, cuatro más que el acero. 

En cuanto su postura en el mundo de la joyería, esta ha sido de gran demanda. Según cifras de Statista esta industria ha producido más de 131 millones de quilates en 2013 y se prevé que para el 2025 este aumente a 143,8 millones de quilates

Sin embargo, estos no son tan extraños como algunas compañías nos hacen creer. 

¿Qué tan extraños son los diamantes? 

En la industria de la joyería los diamantes ocupan una gran importancia. Desde la Edad Media estos empezaron a añadirse a anillos de matrimonio, lo que los volvió más importantes. 

Pero estos son los más comunes pues puede encontrarse en casi todo el mundo. Incluso hoy existen empresas que pueden convertir las cenizas de personas en diamantes. 

Este es el caso del arquitecto mexicano Luis Barrgan, de que tomaron 525 gramos de sus cenizas para crear un diamante de 2.02 quilates. 

En México puedes recurrir a Algordanza México o a la firma J. García López, que son empresas que prometen convertir las cenizas de tus seres queridos en diamantes. 

¿Existen otras gemas más raras que los diamantes? 

Durante 1902 se descubrió la piedra Grandidierita y esta era casi inaccesible, no fue hasta el 2006 que se encontró un yacimiento en Madagascar. Y aunque hoy ya es un poco accesible todavía se considera una de las piedras más inusuales. 

Por otro lado, la Painita fue considerado el mineral más inusual en el 2005 por el libro Guinness pues hasta ese momento sólo se contaban con 25 especies conocidos. 

Hoy la piedra más rara y costosa del mundo es el diamante rojo. De este sólo existen 30 y alcanza hasta el millón de dólares por quilate.