Animales estresados y cientos de ellos abandonados, entre los daños colaterales de la fe guadalupana

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Para sumar a las aglomeraciones vehiculares y de gente que se generan durante el último mes del año en la Ciudad de de México, la celebración de la Virgen de Guadalupe también ocurre durante la temporada y la ocasión se convierte en uno de los momentos de mayor movilidad en toda la urbe y regiones aledañas.

Se vuelve muy común ver a numerosos grupos de personas que en auto, motocicleta, bicicleta o a pie, se dirigen hacia la Basílica de Guadalupe, en el norte de la capital mexicana, para dar muestra de fe y devoción ante la figura mariana que es considerado como el más importante símbolo de la fe cristiana.

Pero tal muestra de devoción no sólo se convierte en un corolario cultural de las raíces y costumbre mexicanas, sino que también se coloca como una ocasión en las cual se exponen diferentes problemáticas.

Una de ellas, desde luego, es la enorme cantidad de residuos sólidos que provoca el arribo de varios millones de peregrinos durante las horas cercanas al 12 de diciembre. Autoridades del Gobierno de la Ciudad d México reportaron que en 2018, hacia la mañana del 12 de diciembre se habían recogido cerca de 480 toneladas de desperdicios sólidos, lo cuales fueron dejados por los fieles que recorrieron largas distancias para llegar al centro religioso.

Pero otra problemática que se presenta involucra directamente a los animales de compañía, los cuales sufren los estragos de la devoción católica. Cientos de animales de compañía, que van tras de sus dueños durante su camino hacia las inmediaciones del Tepeyac, son maltratados en este trayecto, se arriesgan a ser atropellados o sencillamente son abandonados a su suerte.

Las autoridades calculaban el año pasado más de 200 perros callejeros extraviados, los cuales se quedaron varados en la cercanías de la Basílica y se convirtieron en un riesgo sanitario y para la seguridad de las personas, sin tomar en cuenta la situación de abandono y estrés al que fueron expuestos.

Y ya que hablamos de estrés, el uso de fuegos artificiales y el brusco sonido que se provoca por su detonaciones también se convierte en un factor de daño para las especies animales. En este caso, el sonido de cohetes se disemina en toda la ciudad, pero también a lo ancho y largo del país, en donde se comparte la fe y tradiciones guadalupanas por todo lo alto.

Hay diversos grupos de voluntarios que, pasada la celebración de la Guadalupana, se dedican a recoger a los animales extraviados y ponerlos en redes sociales para que sus dueños puedan encontrarlos o para que alguien más se anime a adoptarlos. También se dedican a reunir fondos para su alimentación.

Pero tal vez no todos tengan la capacidad o simplemente el espíritu para apoyar y hacer algo por los animalitos. En todo caso, lo mejor que se puede hacer es vivir la fe con responsabilidad, evitar sacar a los animales durante sus trayectos y -desde luego- no abandonarlos.

También sería deseable una actitud más responsable con respecto a la detonación de cohetes y a la basura que se genera por el consumo de alimentos y bebidas. Quizás prever el uso de bolsas y tener el cuidado de depositarlas en contenedores pueden ser una buena solución.

Y es que si la fe y la devoción pueden ser capaces de sacar los mejor de las personas, ser empáticos con los demás y apelar a los sentimientos de piedad, el uso adecuado de desperdicios y -sobre todo- el cuidado de las animales deberían ser parte de la conducta de todo buen peregrino y devoto de la fe guadalupana.

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